Una brillante operación financiera


Roberto Cortés Conde
Profesor emérito de la Universidad de San Andrés
“La Argentina es el único país en Sudamérica que ha cumplido con sus obligaciones externas”. La noticia es de 1934. Así se refería The Economist a la brillante operación financiera por la que la Argentina arregló el pago de una abultaba deuda externa a consecuencia de la crisis del 30 y de la introducción de restricciones a las operaciones de cambios.
 
En 1930, el mundo se derrumbaba tras el shock financiero del 29 de octubre de 1929 en la Bolsa de Nueva York, extendido al mundo con la caída de la demanda, el comercio y el empleo. Se pasaba de la apertura incondicionada al comercio con la cláusula de la nación más favorecida a otro de múltiples restricciones, inseguridad e incertidumbre sobre el valor de las monedas, donde regiría una nueva máxima: que me salve yo aunque empobrezca al vecino. La Argentina, que había estado fuertemente atada al comercio internacional, no fue ajena. En nuestro país, el shock estalló un año antes, con la fuerte salida de capitales que en 1928 se habían colocado en Buenos Aires y que, respondiendo a una tasa más alta, volvieron en masa a la Bolsa de Nueva York. Ante la fuerte pérdida de divisas y la paralización del crédito, el gobierno cerró la Caja de Conversión (con nuevas facultades para controlar el cambio) afectando sus fondos al pago de la deuda pública externa. Desde entonces y hasta la Segunda Guerra Mundial, la preocupación de las autoridades argentinas fue contar con divisas para pagar los vencimientos de la deuda externa pública, dejando afuera a la demanda privada. Se quería evitar otra crisis como la de 1890.
 
Cuando Gran Bretaña, tras dos siglos, abandonó el patrón oro y devaluó, en octubre de 1931, la Argentina hizo lo mismo al devaluar el peso (que ya había sufrido en el mercado informal fuertes descuentos) e implementó un régimen de racionamiento de cambios, exigiendo un permiso previo de importaciones y autorizando solo algunas esenciales, como combustibles. Eso fue parte del desquicio generalizado en el mundo por las nuevas restricciones al comercio, y en la Argentina, además, por la caída de las exportaciones de carne con la implementación en Gran Bretaña de las Preferencias Imperiales, que reservaban un mercado cautivo a los dominios brit que se habían sacrificado en la guerra del 14.
 
El multilateralismo incondicional fue reemplazado por acuerdos bilaterales. En ese marco tuvo lugar la misión encabezada por el vicepresidente Roca, que incluyó a Prebisch, que fue a negociar con los británicos las nuevas condiciones bilaterales. Pero la misión no solo trató los aspectos comerciales, sino también los relativos a la deuda, donde ya no coincidían en el lado británico los intereses proteccionistas de los productores ganaderos de Escocia y del Imperio (Australia y Nueva Zelanda) con la posición procomercio de sus inversores en la Argentina (ferrocarriles, bancos, subterráneos, tranvías y otros). Esa contradicción fue aprovechada por los negociadores argentinos para llevar a una solución razonable que obtuvo una cuota en el mercado británico superior a la exportación de año previo, aunque inferior al máximo de 1928, y adicionalmente un arreglo para la deuda por los créditos bloqueados, aun cuando se quejaron de tener que absorber las pérdidas de cambio al comprar con pesos devaluados las libras del Bono Roca.
 
Una extensa bibliografía se ocupó del Tratado Roca-Runciman, pero sobre los temas comerciales, sin tomar en cuenta el problema de la deuda. Allí los inversores británicos en Buenos Aires chocaban con los productores en la metrópoli y los dominios y, en cierto modo, coincidían con los argentinos. Había que permitir exportar para pagar su deuda. Por medio de un crédito a largo plazo en libras, el empréstito Roca, se logró resolver el problema con una operación compleja. Inicialmente los bonos Roca se colocaron en un fondo en una entidad británica, el Convenio Trust, que en sus activos junto a los bonos argentinos incluyó los consola del gobierno británico y otros bonos, y que por su lado emitió certificados que se negociaban en Londres. La Argentina recibió certificados en libras que pudo colocar en Londres, con las que fue pagando a largo plazo sus deuda.
 
La operación tuvo éxito. En un mundo convulsionado sin posibilidades de acceso al crédito, la Argentina logró colocar deuda a 20 años con una baja tasa de interés, que se pagó regularmente los años siguientes. Sin embargo, esto no satisfizo del todo a las partes. Los intereses británicos en la Argentina se quejaron de la pérdida de cambio producida por un mandato oficial, y los argentinos, porque no pudieron recuperar las condiciones comerciales previas a la crisis y al nuevo papel que tuvieron los dominios en el comercio británico. De todos modos, debe reconocerse que la Argentina pagó con el producto de sus exportaciones, cuyos precios estaban subiendo, y recuperó, aunque no totalmente, sus antiguos mercados. Todo cambiaría con la Segunda Guerra Mundial. Pero lo cierto es que la Argentina fue el único país de América Latina, y uno de los pocos en el mundo, que durante la terrible crisis mundial continuó cumpliendo con sus obligaciones. Algo para tomar en cuenta en estos días.
La Nación
Roberto Cortés Conde
10 de Agosto de 2022